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El blog literario latinoamericano

viernes, 22 de febrero de 2019

 Blog de Patricio Pron

Toda historia de amor es una criptografía / "El libro de Tamar" de Tamara Kamenszain

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"Yo esperaba de mi exmarido algún mensaje contundente del tipo ‘te extraño', ‘volvamos', ‘estoy dispuesto a cambiar'", admite Tamara Kamenszain; sin embargo, lo que obtuvo en su lugar fue un pequeño lipograma, un anagrama basado en su nombre en hebreo cuyo autor (Héctor Libertella, el escritor argentino muerto en 2006 que fue su pareja durante largos años), habla de atar ramas, armar tramas y matar ratas.

Kamenszain nació en Buenos Aires en 1947 y es una de las voces más reconocidas (y reconocibles) de la poesía argentina de las últimas décadas, así como una ensayista premiada y traducida. En El libro de Tamar conjura otras parejas de escritores (algunas próximas, como la de Ricardo Piglia y Josefina Ludmer, y otras más distantes, como los matrimonios entre Ted Hughes y Sylvia Plath y Julia Kristeva y Philipe Sollers) para dar cuenta de la especificidad de un tipo de vínculo en el que el amor (entre escritores) es también un ejercicio de crítica literaria, pero también para comprender un mensaje que en su momento pasó por alto y que tal vez fuera el que ella había esperado. Por estas páginas desfilan María Moreno y Sharon Olds, Osvaldo Lamborghini, Mark Strand, Philip Roth y César Aira. Kamenszain recorta una experiencia en la que confluyen el interés por el tango y la reescritura, la "pasarela del alcohol" y toda una sociabilidad literaria que es, vista desde la perspectiva de quienes pertenecemos a una promoción de escritores argentinos posterior a la suya, también, y sobre todo, un retrato generacional. Al hacerlo da cuenta de una deriva que ha llevado a los autores de su generación del hermetismo textualista en el que el "yo" era concebido como una ficción hasta una literatura confesional de la que El libro de Tamar es un magnífico ejemplo. Y pone de manifiesto algo bien conocido por algunos: que toda historia de amor es principalmente, y para los demás (aunque también para sus protagonistas, en ocasiones), una criptografía.

 

Tamara Kamenszain

El libro de Tamar

Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2018

[Publicado el 17/10/2018 a las 18:55]

[Etiquetas: Tamara Kamenszain, Ensayo, Eterna Cadencia]

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El filósofo alemán Robert Pfaller explica las luchas por la identidad / Una entrevista

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Uno tiene la impresión de que los problemas globales o la tremenda desigualdad social existente son menos discutidos y abordados políticamente que asuntos que se le subordinan como la obsesión de la derecha por el tema de los refugiados y el fetiche de la "identidad" entre la izquierda.

Bueno, la política del "neoliberalismo progresista", como la ha llamado la filósofa Nancy Fraser, ha consistido siempre en "culturalizar" los problemas económicos y políticos. De allí se deriva la estupidez (o más bien la infamia) de la "izquierda" políticamente correcta: económicamente, esta izquierda socialdemócrata se ha despedido hace tiempo de su keynesianismo, que trajo prosperidad y un desarrollo progresivo hacia una mayor igualdad social en las primeras décadas de posguerra. Al igual que la derecha, o incluso peor que ella, la izquierda persigue ahora la privatización de los servicios públicos, los recortes en el sistema social y la subordinación a criterios propios del sector privado de áreas [...] como la educación, la atención a la vejez o la salud.

Para al menos diferenciarse de la derecha en algo, sin embargo, la izquierda trata de establecer hitos simbólicos en el ámbito del lenguaje, la cultura o el estilo de vida. En lugar de hablar de igualdad de oportunidades, habla de "diversidad"; en vez de hablar de impuestos progresivos a las grandes empresas, habla de educar a la ciudadanía para llamar de otra forma a los grupos étnicos; y en lugar de mejores servicios de guardería, les da a las personas el lenguaje inclusivo o la estrellita para que ninguna identidad u orientación sexual se sienta excluida.

[...]

Las mayorías empobrecidas han percibido más rápido que las élites que algo olía mal en todo esto y a continuación han vuelto su justificado disgusto contra todos estos programas de la "izquierda cultural". Al mismo tiempo, aquellos que han continuado adhiriendo a tales medidas de encubrimiento cultural (por lo general más obstinadamente cuanto más infructuosamente lo hacían) se han revelado como los beneficiarios del crecimiento de la desigualdad en curso. Y lo que pretendía ser el "reconocimiento" de ciertos grupos marginales se ha convertido en realidad (cada vez más) en un arma para el desclasamiento de otros: utilizando el lenguaje "inclusivo", ciertas "palabras clave" o abreviaturas como "LGTBQ+" una persona puede demostrar que es mejor que otra, al tiempo que aquellos que, por su parte, no saben cómo pagar el alquiler, un tratamiento dental o la excursión escolar de sus hijos, y a los que las cuestiones de género no les parecen prioridades urgentes, suman a los problemas relacionados con su declive económico la posibilidad de ser difamados convenientemente como racistas, sexistas, islamófobos o similares.

[...]

Por un lado, el tono se está volviendo cada vez más áspero, por ejemplo en los debates políticos. Por otro, las personas exhiben una sensibilidad cada vez más demencial. ¿A qué se debe?

La creciente sensibilidad es un efecto de la política neoliberal y de la propaganda postmoderna de las políticas de la identidad que la acompaña. Las personas que pierden sus oportunidades de futuro debido a la redistribución económica están empezando a pensar más en sus orígenes: si ya no pueden convertirse en nada interesante esperan ser al menos algo valioso, algo vulnerable. Y el neoliberalismo los anima, las alienta a utilizar sus sensibles identidades como "capital humano". Hoy en día se requiere que todos reflexionen acerca de si tienen algún defecto que puedan usar como ventaja comparativa para imponerse a sus competidores. Esta lucha por quién tiene mayor derecho a la sensibilidad es despiadada, como corresponde a su naturaleza.

Otro concepto clave es "autenticidad". La demanda de ella va tan lejos que las escuelas de teatro exigen últimamente que sólo se permita actuar de discapacitado a personas discapacitadas. Hay esta compulsión de ser tú mismo todo el tiempo.

Espero con curiosidad el momento en que, en el teatro, los nazis sólo puedan ser interpretados por nazis de verdad. Es evidente que estas luchas no tienen que ver con la autenticidad, sino con el acceso a empleos y recursos. En ese marco, cualquier argumento vale, aun los más absurdos, e incluso si destruye todo lo que constituye el arte.

[...]

 
En
"Wo Wir falsch liegen?"
Entrevista, Oliver Gehrs
Dummy Magazine 60 (Dummheit)
Septiembre de 2018
(Mi traducción)

[Publicado el 10/10/2018 a las 19:30]

[Etiquetas: Basketball USA NBA Betting Citas, Robert Pfaller]

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Sentido y sensibilidad / "Algunas formas de amor" de Charlotte Mew

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Charlotte Mew no fue especialmente prolífica: en su postfacio a este libro de cuentos, Liborio Barrera enumera «algunos ensayos, menos de un centenar de poemas y ni una veintena de relatos». Nació en Londres en 1869 y murió en esa ciudad cincuenta y ocho años después, vivió toda su vida en la casa familiar en Bloomsbury (lo que la sitúa en la vecindad geográfica pero no estética del grupo en torno a Virginia Woolf) y sus interlocutores fueron Joseph Conrad, Ezra Pound y Thomas Hardy. Pese a ello sólo publicó un libro en vida (el excelente The Farmer's Bride, 1916) y ocupó una posición marginal entre sus contemporáneos.

A ello contribuyó indudablemente su rechazo a la literatura de su época, de la que su obra es extemporánea: sus poemas son clásicos en hechura y ponen de manifiesto una visión no necesariamente idealizada pero sí anacrónica de la cotidianeidad en los pequeños pueblos ingleses y sus cuentos (cinco de los cuales son publicados aquí) pertenecen al tipo de realismo victoriano de tema romántico que los modernistas, sus contemporáneos, rechazaron explícitamente. "La esposa de Mark Stafford" narra la historia de una joven que rompe su compromiso con un ingeniero para casarse con un filósofo a cuyo lado brilla en los salones londinenses; cuando el ingeniero regresa de una estancia en España, la joven escapa con él pero muere poco antes de abandonar Inglaterra. En "Algunas formas de amor" un joven marcha a la guerra tras habérsele declarado a una mujer que le promete que hablarán cuando vuelva; regresa enamorado de otra pero se siente obligado a cumplir la palabra empeñada incluso aunque a su primer interés amoroso sólo le queda un año de vida. El narrador de "El amigo del novio" se enamora de la prometida de un asociado y se debate entre la atracción y la lealtad hasta que decide tomar medidas; pese a ello, llega tarde. Etcétera.

Mew tiene un estilo sensible y delicado ("nada resultaba evidente, sólo sutil, como un cambio de temperatura en el aire", escribe) en el que predominan los circunloquios y la expresión afectada. Se trata de un estilo especialmente apropiado para dar cuenta de la distancia entre los deseos de los personajes y lo que estos se permiten decir en la conversación social, como sucede en los diálogos de "Algunas formas de amor", en el final de "Una puerta abierta" y en un cuento excepcional, "Mortal fidelidad", en el que el intercambio en torno a lo que "se debe hacer" entre un sepulturero y una viuda reciente acaba convirtiéndose en una propuesta de matrimonio. Pero si estos cuentos destacan por algo es por sus personajes femeninos: la voluble y fatua Kate Stafford del primero de los relatos del libro, la joven de "Una puerta abierta" para quien "la vida no era emocionante, nunca lo había sido; pero ya no era ni levemente entretenida", la Laurence Armitage del mismo cuento, que rechaza un matrimonio conveniente para misionar en África, la Evelyn de "El amigo del novio": todas se debaten entre unas convenciones que inhiben su personalidad y las posibilidades que se derivan del cambio social, en particular tras la Primera Guerra. Una de ellas afirma, por ejemplo: "Yo nunca he vivido [...], al menos no desde que era niña; mi modista y mis compromisos no me dejan tiempo"; cuando más tarde cree haber hallado su "voz", pide disculpas a su interlocutor por si hace "mal uso de ella". A sabiendas de que ese hallazgo la condenaba, Charlotte Mew se suicidó bebiendo media botella de desinfectante en 1928.

 
Charlotte Mew
Algunas formas de amor
Trad. Ángeles de los Santos
Postfacio Liborio Barrera
Cáceres: Periférica, 2018

 
(Babelia, septiembre de 2018.)

[Publicado el 03/10/2018 a las 18:28]

[Etiquetas: Charlotte Mew, Cuentos, Periférica]

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Quemar después de leer / “No soy así y otros cuentos?de Kjell Askildsen

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Kjell Askildsen nació en el sur de Noruega en 1929 y publicó su primer libro (A partir de ahora te acompañaré a tu casa) en 1953. Ni siquiera la recepción crítica de los grandes autores carece de contradicciones (de hecho, sólo consiste en ellas), y la de su primer libro de relatos breves es un ejemplo de ello: su autor fue celebrado por la crítica como un maestro y, al mismo tiempo, repudiado por “inmoral”.

Algo en la no muy extensa obra de Askildsen (cuatro volúmenes de relatos breves entre 1953 y 1996) sigue siendo incómodo para el lector a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación y del hiato que se produjo en la vinculación entre literatura y moral hasta tiempos recientes. A menudo los personajes del escritor noruego rehúyen la compañía de otros, especulan con la posibilidad del incesto y/o lo llevan a cabo, desconocen el amor filial (varios de los relatos tienen como tema el retorno al hogar familiar tras la muerte del progenitor, que en todos los casos deja más o menos indiferentes a los deudos), se entregan inescrupulosamente a los placeres del alcohol y del tabaco, no tienen profesión ni antecedentes, se constituyen como sujetos no productivos, escasamente fiables, poco solícitos, deseosos de eludir sus responsabilidades: en cuanto pueden, escapan.

Los relatos de Askildsen no abundan en descripciones de los personajes, carecen de referencias de lugar y de tiempo, prácticamente no tienen argumento, y, por consiguiente, les faltan las revelaciones y los desenlaces que algunos lectores consideran prescriptivos en la narrativa breve; de hecho, muchos tienen premisas singularmente parecidas y que pueden distribuirse en tres núcleos: el de la pareja cuyos miembros se encuentran en abierta hostilidad uno con el otro, el del anciano solitario y desilusionado cuya vida cotidiana es una sucesión de tropiezos y el ya mencionado del hijo que regresa a la casa paterna para asistir a un velorio.

Al margen de la observación de similitudes y diferencias a la que se prestan los relatos que la componen, la de Askildsen (con su laconismo, su desdén por las convenciones y la sensación que transmite de que algo terrible ha sucedido sin que se nos diga qué ni cómo) es una narrativa de la negación, lo cual ha llevado a que se lo compare con Franz Kafka, Ernest Hemingway y Albert Camus (también con Raymond Carver, en un claro anacronismo) y que se lo apode “el Samuel Beckett noruego”. Algunas fuentes sostienen que, después de leer A partir de ahora te acompañaré a tu casa, el padre de Askildsen, un político local, repudió al hijo y quemó públicamente su obra: incluso aunque no sea cierta, la anécdota resume una forma verosímil (y posiblemente deseada por su autor) de responder a estos cuentos.

Como afirmó el escritor argentino Rodolfo Enrique Fogwill en su prólogo a la publicación por parte de Lengua de Trapo de estos cuentos en 2010, el resultado de esa negación es un estilo. Askildsen “puede narrarlo todo y de la mejor manera con personajes sin rostro ni más rasgos físicos que el detalle indispensable, con nombres que se olvidan de inmediato, sin tonos de voz; representando diálogos reducidos al mínimo y muy a menudo sin saltos de párrafo ni comillas; con emociones transmitidas por una palabra o por un impulso a actuar; con climas y estaciones indicadas apenas por la luz o por ínfimas señales del cuerpo o del espacio natural; con tragedias resumidas por la simple evocación de una imagen visual y un clímax erótico logrados por el leve desplazamiento de una mano, o con odio significado por el movimiento de un cuerpo que sale a prender un cigarrillo”.

 

 

Kjell Askildsen

No soy así y otros cuentos

Trad. Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo

Madrid: Nórdica, 2018

[Publicado el 20/9/2018 a las 10:39]

[Etiquetas: Kjell Askildsen, Cuentos, Nórdica]

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Un fascinante exabrupto / "Maupassant y 'el otro'" de Alberto Savinio

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No es la más razonable de las premisas para un ensayo, pero funciona: a raíz de las impresiones que le suscita un viaje a París, el protagonista de Maupassant y “el otro” se convierte en la “reencarnación” de Guy de Maupassant, lo que permite a su autor recorrer algo apresuradamente la vida del creador de “El Horla”, en particular su relación con Gustave Flaubert y la enfermedad mental de sus últimos años.

 

“Alberto Savinio” fue el pseudónimo de Andrea de Chirico (Atenas, 1891-Roma, 1952), pintor como su hermano Giorgio y autor de novelas como Hermafrodito (sic, 1918), La casa inspirada (1925) y La infancia de Nicasio Dolcemare (1941), aunque (sostienen sus editores) “es probablemente en el ensayo donde su fuerza se despliega con total rotundidad”. Que Maupassant y “el otro” es uno atípico se pone de manifiesto en su estilo, una prosa automática liberada de las constricciones formales muy de gusto del futurismo italiano (del que Savinio y su hermano fueron parte, como se sabe), en cierto tono socarrón que preside todo el libro, en la burla a los personajes y en la gran cantidad de excursos que presiden la narrativa. Pero Sabinio tiene una “teoría Maupassant” y es todo lo seria que podría ser la de un ensayo: la de que el creador de “Bola de sebo” fue un escritor mediocre en su primera etapa y un autor genial en la segunda, cuando la enfermedad mental le otorgó la conciencia de “un otro” que subyace a sus mejores relatos. Al margen de esta hipótesis de lectura, el mayor interés de este (de a ratos) fascinante exabrupto radica en sus notas al texto, todas extraordinarias. Por ejemplo: “Maupassant no usaba más que sombreros hechos a medida. El obstetra que le ayudó a venir al mundo le había modelado la cabeza dejándosela de una perfecta redondez y distinta respecto a los formatos habituales” (99).

 

 

Alberto Savinio

Maupassant y “el otro”

Trad. José Ramón Monreal

Barcelona: Acantilado, 2018

[Publicado el 01/9/2018 a las 20:50]

[Etiquetas: Alberto Savinio, Ensayo, Acantilado]

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Una teología / "Llega el rey cuando quiere" de Pierre Michon

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Autor de la admirable Vidas minúsculas (2012) y responsable de un puñado de libros que revisitan los vínculos entre ficción y realidad, entre artista y modelo, entre biografía y sujeto biografiado, que el propio autor define como "un diálogo con los muertos" (Rimbaud el hijo, 2001; Cuerpos del rey, 2006; Los once, 2011; El origen del mundo, 2012: todos publicados por Anagrama), Pierre Michon es además (y como demuestra este Llega el rey cuando quiere) un magnífico, extraordinario entrevistado.

"Stevenson (¿o era Borges?) tenía una receta muy divertida", recuerda: "decía que[,] en una obra de ficción, el escritor tiene que guardarse de la interpretación por el mismo motivo que Dios no se mete en teología". "Hay algo así como una necedad o una falta de elegancia en la literatura que se pone a pensar, a menos que sea con metáforas" (33). Contra esta advertencia, el pensamiento de Michon es sutil y poderoso, está dotado de una cualidad poética que (por lo demás) es lo primero que se pierde en la transcripción de una entrevista, pero que aquí se conserva (también gracias al muy buen trabajo de la traductora Ana Teresa Gallego Urrutia); es un pensamiento plagado de iluminaciones breves pero intensísimas cuyo objeto son las formas literarias, la opacidad del lenguaje, la incompletud y el fragmento, los géneros, los maestros, el lector.

Michon recorta un territorio que le pertenece, pero sus ideas tienden a la universalidad, lo que hace a estas "Conversaciones sobre literatura" un texto de interés incluso para quienes no lo hayan leído nunca. "Por muy insensata que sea, la disciplina de escribir es portadora de un sentido para quien se entrega a ella; pero podría temerse que sólo lo tuviera para él" (18), observa. Pero su inteligencia vivísima convierte ese sentido en algo de alcance universal, en algo que (tras la lectura) el lector se preguntará cómo no sabía antes, por qué razón se le había ocultado un conocimiento sin el cual no podía vivir, con el cual su conocimiento de la vida y de la literatura estaban incompletos.

 
Pierre Michon
Llega el rey cuando quiere. Conversaciones sobre literatura
Trad. María Teresa Gallego Urrutia
Terrades (Girona): Wunderkammer, 2018

[Publicado el 24/8/2018 a las 10:15]

[Etiquetas: Pierre Michon, Entrevistas, Wunderkammer]

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Política(s) / Una disidencia

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"Un político es un culo sobre el que nunca se ha sentado ningún ser humano", escribió el estadounidense e.e.cummings, quizás anticipándose al joven de diecinueve años que, según consignaba El Periódico de Catalunya en su edición del 15 de febrero, se tatuó el rostro de Carles Puigdemont en una nalga por considerarlo "un héroe, o al menos un referente". (La información no especifica si el tatuaje fue realizado en la nalga izquierda o en la derecha, en concordancia con una opinión mayoritaria, que, en relación con el famoso "Procés", tampoco sabe dónde situarlo.)

Ambrose Bierce, por su parte, definió la política como "el manejo de los intereses públicos en beneficio privado", y al político, como una "anguila en el fango primigenio sobre el que se erige la sociedad organizada". Cuando Winston Churchill fue preguntado por cuáles eran las habilidades que debía tener un joven que deseara entrar en política, respondió que sólo necesitaba dos, "la de predecir qué es lo que sucederá mañana, la semana próxima, el mes siguiente y el año que viene. Y la de poder explicar después por qué lo que anticipó no ha sucedido". Un político es un experto, pero los expertos, advirtió Hannes Messemer, tienen como función "evitar que quienes no son expertos utilicen el sentido común". "Si votar pudiera cambiar algo, ya lo habrían prohibido", observó Ken Livingston.

Acerca de la política, la ciudadanía española es obediente al mandato de Karl Kraus: "¡Quien tenga algo que decir, que dé un paso adelante y que se calle". (Lo cual explica su literatura, por cierto: casi todo lo que se publica como literatura española contemporánea es "apolítico", es decir, de derecha; y lo que se publica como literatura política es conservador, es decir, de derecha también.)

Con las muy puntuales excepciones de algo que se llamó "La Transición" y el surgimiento del 15-M, los españoles parecen sentir mayoritariamente desprecio y/o indiferencia hacia la política, en lo que constituye el resultado de la negación del ejercicio de la ciudadanía durante la dictadura franquista. No importa el signo político de los partidos que han detentado el poder desde entonces; el estruendo de las tertulias y los debates televisados carece de importancia: ninguna iniciativa consistente en formar a los españoles como sujetos políticos ha prosperado hasta ahora posiblemente porque no se ha querido nunca que prospere. "La estupidez es de hierro y ni siquiera la fuerza de la necesidad puede romperla", escribió Heimito von Doderer; "Una sociedad que empieza a vivir de espaldas a la reflexión crítica está condenando a sus vástagos al vil arrastre", afirmó Leonardo Da Jandra.

Razonablemente motivado por los numerosos casos de corrupción registrados recientemente, las nefastas políticas económicas aplicadas desde 2008, la persecución del disenso y el encarcelamiento de los opositores políticos, y, en general, por la actitud de la mayor parte de la clase política española), el descrédito en el que ésta se halla a ojos de la ciudadanía señala un límite a la recuperación de este país que las autoridades del interregno socialdemócrata en el que vivimos desde hace algunas semanas deberían enfrentar, por fin.
 
Para ello tal vez se requiera echar por tierra una Transición que nunca ha sido realmente una Ruptura, intervenir consistentemente en unas fosas comunes sin cuya apertura España no puede siquiera comenzar a poner punto final a su Guerra Civil, reescribir su Constitución, desplazar su atención del ámbito del supuesto "desafío independentista" al de la construcción de un proyecto nacional seductor, elevar el nivel de la discusión. Resulta evidente que "los políticos" no son "la política"; más todavía, es necesario dejar de hablar de "la política" para pensar en "las políticas" que esta sociedad requiere. Como escribió Gilles Deleuze, "no hay razón para el miedo ni para la esperanza, pero sí para buscar nuevas herramientas" con las que pensarnos como sujetos políticos. No vivimos en la fantasía narcisista de James Rhodes, pero nada se ha perdido todavía y todo está por ser hecho.

 
[El Duende, Madrid, julio de 2018]

[Publicado el 21/8/2018 a las 13:45]

[Etiquetas: Disidencias]

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Las palabras y el mundo / "Paisajes en movimiento" de Gustavo Guerrero

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Gustavo Guerrero (Caracas, 1957) obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 2008 con Historia de un encargo, una obra sobre las circunstancias que rodearon la escritura de la novela de Camilo José Cela La catira (1955) y, de forma más general, acerca de las condiciones de posibilidad de la circulación de literatura en el ámbito hispanohablante; Guerrero, quien es profesor en la Universidad de Paris Seine y editor de los hispanohablantes de Gallimard, había escrito ya acerca de esas condiciones en libros como La estrategia neobarroca (1987), Itinerarios (1997) y La religión del vacío (2002), pero es en su nuevo libro donde los temas de la literatura hispanoamericana y el cambio cultural adquieren protagonismo en su obra.

Paisajes en movimiento aborda ambos a partir de los ejes complementarios del tiempo, el mercado y la nación (o su abandono) en la literatura en español producida entre 1990 y 2010 aproximadamente; lo hace recurriendo a la producción crítica de Reinhart Koselleck y Andreas Huyssen, Paul Virilio, Hartmut Rosa y Francine Masiello, pero también a la de críticos latinoamericanos como Reinaldo Laddaga, Gabriel Zaid, Ángel Rama, Beatriz Sarlo, Néstor García Canclini y Octavio Paz. Autores todos ellos de producciones intelectuales de signo muy diverso, Guerrero los pone a dialogar entre sí para abordar una producción literaria no menos variada, y en la que destacan los libros de los argentinos Rodrigo Fresán, Laura Wittner, Fabián Casas, Sergio Raimondi y César Aira, el cubano Antonio José Ponte, el uruguayo Eduardo Milán, los chilenos Roberto Bolaño y Germán Carrasco, el colombiano Juan Gabriel Vásquez, los venezolanos Eugenio Montejo y Rafael Cadenas, el guatemalteco Rodrigo Rey Rosa, el salvadoreño Horacio Castellanos Moya y los mexicanos Julián Herbert, Luis Felipe Fabre, Mario Bellatin y Álvaro Enrigue.

Se trata (en palabras de su autor) de un "esfuerzo por plasmar unas narrativas críticas y abiertas, que no se reconozcan en los numerosos discursos alarmistas sobre el apocalipsis de la cultura, pero que tampoco incurran en el conformismo de aquellos que piensan que no hay nada nuevo bajo el sol" (11-12); como tal, uno de sus méritos se deriva del talento de su autor para hacernos creer que su objeto de estudio existe; es decir, que hay "una" literatura latinoamericana y que ésta es susceptible de ser abordada desde el "presente embriagado de presente" del que habla la ensayista argentina Graciela Speranza en su más reciente libro. No es un mérito menor, en especial si se considera que (como demuestra Guerrero) es una literatura con una relación problemática con la adscripción nacional y/o la idea de pertenencia.

A pesar de las susceptibilidades que suscita (y en consideración a ellas), es singular apreciar cómo es el mercado el ámbito que, en Paisajes en movimiento, más y mejores perspectivas ofrece para abordar la cuestión del tiempo y la de la nación en la literatura latinoamericana: como sostiene Guerrero, "en una época en que el aumento de la producción de libros y la rápida cadencia en los tiempos de su comercialización van haciendo desaparecer los fondos de catálogos y librerías, con las consecuencias que pueden adivinarse por lo que toca a la presencia o visibilidad de una obra y a la transmisión y la constitución de una memoria literaria común entre las generaciones" (49), el mercado es el ámbito en el que se dirimen las divergencias entre una literatura latinoamericana escasamente interesada en ensayar los gestos de una nacionalidad fuerte y unas expectativas internacionales que condicionan la circulación de esa literatura a su legibilidad y a su capacidad de adscripción a un territorio, lo que, por cierto, puede verse (también) en el catálogo de latinoamericanos de Gallimard, por ejemplo.

Guerrero se enfrenta al problema de cómo abordar la producción literaria latinoamericana que resulta del nuevo régimen de historicidad en el que vivimos, un "extraño ahora cada vez menos estable y definido, cada vez más laberíntico e imprevisible" (37); lo hace con precisión y con elegancia, señalando las principales tendencias y también las formas de resistencia (las estéticas de la apropiación, la cita y la reescritura, el surgimiento de las editoriales independientes, los intentos de redefinir la noción de valor literario, la escritura de la inmediatez, la escritura "antipatriótica" de Fresán y Castellanos Moya, la literatura "performativa" de Bellatin, la del nomadismo de Bolaño y Rey Rosa) que en los últimos tiempos se han articulado para reconciliar la experiencia y la escritura, las palabras y el mundo. "Con la redefinición del papel del mercado y con esa trivialización de lo escrito que trae consigo la multiplicación de soportes tecnológicos", escribe, "el escenario de los noventa y los dos mil es el de una gran crisis del valor literario que vuelve más perentoria que nunca una discusión sobre sus modos de fabricación, de acumulación y de transmisión, pero que, al mismo tiempo, convierte dicha discusión, para muchos, en un objeto anacrónico, y aun reaccionario, de cara a la reivindicación de un relativismo generalizado que marcha al unísono con la masificación de los productos de las industrias culturales" (89). Paisajes en movimiento pone de manifiesto la posibilidad de que esa discusión se produzca con inteligencia y gracia y sin los gestos banales (tan comunes, por cierto) de quien apuesta a un futuro que nunca llega y/o los de quien añora un pasado indefectiblemente ido.

 
Gustavo Guerrero
Paisajes en movimiento: Literatura y cambio cultural entre dos siglos
Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2018

[Publicado el 14/8/2018 a las 17:45]

[Etiquetas: Gustavo Guerrero, Ensayo, Eterna Cadencia]

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La negación de la negación / "Icaria" de Uwe Timm

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A lo largo de las décadas de 1930 y 1940 un puñado de científicos alemanes concibió la posibilidad de intervenir en el orden social mediante la selección y manipulación de seres humanos; los practicantes de la eugenesia se beneficiaron de las fantasías raciales de los políticos nacionalsocialistas y su control de las poblaciones: con el apoyo explícito de Adolf Hitler, los eugenistas alemanes esterilizaron forzosamente a 275.000 personas, asesinaron a miles de enfermos mentales y personas con discapacidad, practicaron cientos de experimentos con prisioneros y ofrecieron la legitimación pseudocientífica para el exterminio de 6 millones de judíos y casi un millón de miembros de la etnia romaní. No hubo hiato alguno en el tránsito entre la experimentación y el asesinato selectivo: a partir de 1940, los responsables de la investigación eugenésica en la prisión de Brandemburgo se hicieron cargo también de su cámara de gas, por ejemplo.

La nueva novela del escritor alemán Uwe Timm (Hamburgo, 1940) revisita el proyecto eugenésico con el pretexto de la investigación policiaca. Michael Hansen, un joven oficial de inteligencia estadounidense nacido en Alemania, regresa al país con las tropas de ocupación y recibe el encargo de entrevistar extensivamente a un discípulo de Alfred Ploetz, el médico que sentó las bases de la "higiene racial" alemana. Wagner (el discípulo) tiene una historia para contar y ésta es, en primer lugar, la de cómo un puñado de jóvenes socialistas y pacifistas acabaron convirtiéndose en víctimas, pero también en victimarios; en segundo lugar, es la historia de cómo muchas de las utopías del siglo pasado devinieron distopías, y sus adherentes, asesinos.

La literatura de Timm (autor de casi dos docenas de libros y uno de los escritores alemanes más importantes de las últimas décadas) se erige sobre la certeza de que, como dice en Icaria, el siglo XX está recorrido por lo innombrable, pero también sobre la convicción de que eso innombrable debe ser nombrado. Ploetz fue un personaje real: nacido en Swinemünde en 1860, en su juventud leyó intensivamente a Ernst Haeckel y a Charles Darwin, fundó sociedades secretas de orientación socialista y utópica y estudió economía política y medicina. En 1895 publicó unos "Fundamentos para una higiene racial" y en 1904 creó la revista "Archivo de la biología racial y social", pero su momento llegó en 1933, cuando las autoridades nacionalsocialistas lo escogieron como parte de un comité de expertos que debía asesorar al gobierno en materia de eugenesia y política racial; sus ideas al respecto eran conocidas desde la publicación de su obra más importante, "La fuerza de nuestra raza" (1895): la sociedad debía estar en condiciones de controlar la reproducción de sus miembros y el número de su descendencia, los nacidos con discapacidad física o mental tenían que ser "eliminados" y debía impedirse la reproducción de los sujetos "sin valor" y/o que constituyeran una carga; los judíos, individualistas y ajenos a la idea de patria, debían ser sometidos.

Mientras Hansen se abre paso con el ejército estadounidense a través de las ruinas de las ciudades alemanas en abril de 1945 (lo que ofrece a Timm la oportunidad de narrar un paisaje que éste conoció bien), al tiempo que su protagonista se enamora, se desenamora, penetra en la historia, Icaria se pregunta cómo pudieron pasar Ploetz y las personas como él del socialismo utópico y el proyecto de una sociedad igualitaria sin propiedad privada ni guerras a la contribución en el Holocausto. La respuesta, parece decir la novela, radica en el fracaso de los proyectos utópicos de convivencia que tuvieron lugar en los años inmediatamente anteriores a la emergencia del fascismo, pero también en el tipo de pensamiento totalitario que anidaba en las grandes utopías, por ejemplo en el libro de Étienne Cabet Viaje a Icaria (1840) que Ploetz y sus compañeros escogieron en su juventud como libro de cabecera y manual de instrucciones.

Arnhelm Neusüss definió la utopía como "la negación de la negación", por parte de la realidad existente, de que algo mejor sea posible. Mark Horkheimer, por su parte, le atribuyó una doble condición, la de ser "la crítica de lo que es" y "la descripción de lo que debe ser". Timm no renuncia a la necesidad de "un orden social justo y ‘verdadero'", que es lo propio de la utopía según Horkheimer; pero tampoco desconoce que los sueños terminan convirtiéndose, inevitablemente, en pesadillas. Cuando murió en 1940, ya definitivamente alejado del socialismo pacifista de su juventud pero no del proyecto utópico de una transformación radical de la sociedad, Alfred Ploetz podía disfrutar de ver cómo sus ideas acerca de la "optimización" del sujeto como herramienta de la mejora social habían devenido política de Estado. La derrota militar del nacionalsocialismo sólo produjo un ligero desplazamiento, y lo que antes era potestad del Estado (esa "optimización") ahora es el ámbito de acción de las tecnologías de la comunicación y las grandes empresas. No sólo por esto, Icaria es un libro necesario, además de una de las mejores novelas alemanas de los últimos años.

 
Uwe Timm
Icaria
Trad. Paula Aguiriano Aizpurua
Madrid: Alianza de Novelas, 2018

[Publicado el 07/8/2018 a las 17:00]

[Etiquetas: Uwe Timm, Novela, Alianza]

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La enfermedad es el orden social / "Notas desde un manicomio" de Christine Lavant

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"Nadie entiende mis palabras", dice una mujer en su delirio; otra grita ("¡Maldita sea Austria! ¡Maldito sea el zar de Rusia! Asesinaron a mi marido, a mi maravilloso, orgulloso marido"); a una joven la fuerzan a alimentarse introduciéndole un tubo por la nariz; una mujer mayor se pasa el día bordando (no está "loca", pero su esposo se ha ido con otra y no tiene dónde ir); una última sólo pide que la maten. "Aquí se elevan hasta el infinito montañas de sufrimiento", dice la narradora. Christine Lavant (en realidad, Thonhauser) tenía veinte años cuando ingresó en el Hospital Psiquiátrico de Klagenfurt, en 1935; era la novena hija de una familia de mineros y se ganaba la vida tejiendo; iba a convertirse en una de las poetas más importantes de Austria, pero en ese momento nadie lo sabía, ni siquiera ella: había intentado quitarse la vida con arsénico.

Varias publicaciones recientes y el interés sostenido por el arte "outsider" o "brut" parecen poner de manifiesto que nuestra sociedad comienza a aceptar que los discursos de la enfermedad mental son susceptibles de poseer verdad y belleza. Notas desde un manicomio es el relato de las seis semanas que Lavant pasó en el hospital en Klagenfurt y tiene ambas, pero se diferencia de otros textos sobre (y desde) el tema en el hecho de que, sin dejar de narrar su padecimiento (del que es síntoma), su autora fue capaz de comprender la figura que se ocultaba en el tapiz del encierro hospitalario de las "locas", cuya condición de pacientes era doble: por una parte, las mujeres encerradas se hallaban bajo atención médica; por otra, debían ocultar su enfermedad porque su manifestación, escribe Lavant, "es algo que el médico jefe no soporta".

Lavant expone sucinta pero brillantemente cómo el hospital psiquiátrico reproduce un orden del que todos son víctimas, en particular si (como en su caso) se es mujer y pobre. Un médico le sugiere que "tiene que buscarse un novio" y la describe como "un ejemplo disuasorio de lo que sucede cuando los hijos de los trabajadores leen novelas en lugar de aprender un trabajo honrado". Una enfermera pretende animarla recomendándole que deje la poesía para otros: "Cuando el médico te haga entrar en razón, pasado uno o dos años, te alegrarás si consigues que una señora te adiestre para hacer las faenas domésticas", le dice. La narradora tiene la astucia del subordinado para comprender que su "enfermedad" es el orden social, pero no es una revolucionaria y no tiene medios para ponerle fin: cuando abandona el hospital no está ni siquiera un poco menos enferma, pero se dice: "Que el diablo se lleve a quien diga o escriba una sola burla sobre alguien que vive en la pobreza".

Christine Lavant escribió su libro en 1946, once años después de la experiencia que narra y en el marco de un período de intensa productividad que arrojó otras dos novelas; de las tres, sólo estas Notas desde un manicomio permanecieron inéditas hasta mucho después de su muerte en 1973. Antes de ello, y tan sólo unos pocos años después de que Lavant se internase, la Anexión incorporó a Austria a los programas de eutanasia de los genetistas del Tercer Reich y las mujeres sobre las que la autora escribe en este libro fueron asesinadas por los mismos médicos que aparecen en él, en nombre de la obediencia a las autoridades y al progreso. "Escribo esto con palabras corrientes", admite Lavant, "y en realidad debería romper las paredes piedra a piedra y lanzarlas contra el cielo".

 
Christine Lavant
Notas desde un manicomio
Trad. Nieves Trabanco
Madrid: Errata Naturae, 2018

[Publicado el 03/8/2018 a las 17:15]

[Etiquetas: Christine Lavant, Testimonio, Errata Naturae]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990- 2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán, portugués y chino, Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016), Premio "Alcides Greca" de Novela de 2017, y del ensayo El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura (2014), al igual que del libro para niños Caminando bajo el mar, colgando del amplio cielo (2017). Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Más recientemente ha recibido el Premio Cálamo Extraordinario 2016 por el conjunto de su obra. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania) y vive en Madrid. Su libro más reciente es Lo que está y no se usa nos fulminará (2018).

 

 

Bibliografía

 
 
 
 
 
 

 
 

 

Ficción

Lo que está y no se usa nos fulminará. Barcelona: Literatura Random House, 2017. 

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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